Perdimos contacto con el submarino. Lo último que se escuchó fueron medias palabras, conatos de pleito y algún ritmo frenético que tenía algo de musicalidad. Imposible. A dos millas bajo el mar el hombre no escucha más que el bombeo de su corazón. A menos que... Desde Groningen, el latido boogie-punk de los debutantes Traumahelikopter, sangre corriendo a mil bajo la escafandra.
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